miércoles, 19 de diciembre de 2007

Cumpleaños 97 de Jose Lezama Lima

Gracias a Enrisco por recordarnoslo

AH, QUE TÚ ESCAPES

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos
evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

(Enemigo rumor, 1941)

sábado, 15 de diciembre de 2007

Escritores cubanos levantan techo de la tolerancia


martes, 30 de octubre de 2007

El caso Padilla: Una cronica personal de Manuel Diaz Martinez


El escritor cubano Manuel Diaz Martinez nos ofrece su cronica personal del caso Padilla.

Parte I: http://diazmartinez.wordpress.com/2007/10/17/el-caso-padilla-1/
Parte II: http://diazmartinez.wordpress.com/2007/10/17/el-caso-padilla-y2/

sábado, 13 de octubre de 2007

Entrevista a Carlos Victoria

Las tres victorias de Carlos Victoria

Las tres victorias de Carlos Victoria
Olga Connor, Especial / El Nuevo Herald. 7 de noviembre de 2004.

Esta es la semana de Carlos Victoria. Homenajeado en Cádiz y en Miami, por tres libros suyos que están siendo publicados al mismo tiempo, parece que a veces no le sucede nada y ahora son tres triunfos a una vez.
Bien lo merece, porque Victoria es un escritor persistente. Apenas publicó nada en Cuba, donde perdió todo lo que tenía guardado en gavetas en una sola tarde, confiscado por la Seguridad del Estado, y luego, de nuevo, otra tarde en que lo quemó todo antes de salir al exilio. A los 15 años fue premio de relato de ''El Caimán Barbudo'', pero su valía no vino a ser considerada realmente hasta que salió de la isla por el Puente Marítimo del Mariel, en mayo de 1980, a la edad de 30 años. Sembró entonces sus primeros textos en la revista publicada por aquellos escritores y artistas que salieron a la par que él, titulada precisamente Mariel, de la que fue coeditor, y cuyo espíritu vital y germinal fue su gran amigo Reinaldo Arenas.
Uno de aquellos textos, su cuento Halloween, que apareció en la revista en el verano de 1983, tuvo buena fortuna. Traducido al francés por la reconocida escritora parisina Liliane Hasson para la selección anual de ''Le Monde'' en 1985, publicado en su libro Sombras en la playa (Universal, 1992), ahora se reedita en Cádiz como todos los de ese libro, en la antología Cuentos, editor Fabio Murrieta (Aduana Vieja). En Cádiz se le rendirá homenaje durante la reunión de exiliados cubanos Con Cuba en la Distancia, mañana lunes 8 de noviembre a las 9 de la noche, en El Palillero, con el concurso del escritor y editor de Betania Felipe Lázaro.
En la Feria Internacional del Libro de Miami presentará dos libros el sábado 13, a las 10:30 de la mañana El salón del ciego (Universal), y a las 3:30 de la tarde, la editorial Pureplay de Los Angeles dará a conocer la traducción de su novela Puente en la oscuridad, premio Letras de Oro, con el título A Bridge in Darkness.
En la noveleta El salón del ciego, que le da título al libro de relatos publicado en Miami, se desarrolla una trama dramática en la sala de un ciego que sirve cerveza, donde se encuentran bebiendo un padre y un hijo inconscientes de su parentesco. Mientras, horrendos actos de repudio se realizan en las calles del pueblo, y entre el gentío la madre lo busca angustiada, pensando que ellos también serán repudiados, por el telegrama que trae en la mano de su hermana que les reclama por el Mariel. La narrativa incorpora aspectos muy propios del estilo que más caracteriza a Victoria, la del ser en su circunstancia, llevado y traído por caminos que no ha escogido. Es autobiográfico, y Victoria no tiene empacho en confesarlo.
''La familia de mi padre no tenía el menor contacto con nosotros. Uno de los relatos más autobiográficos, más cercanos a la realidad, es El salón del ciego. Yo tomo anécdotas mías y luego las envuelvo en ficción. Pero ésta sí es bastante cerca de la realidad'', explica Victoria. ''En el 94 fui a Cuba a conocer a mi padre, cuando yo tenía 44 años''. La idea de que su tía los viene a buscar es histórica, anota. "Pero en El salón del ciego la anécdota principal es falsa. Y sin embargo, podría haber ocurrido, ya que a mi padre le gustaba mucho beber y a mí también en aquella época''.
También hay alusiones muy gráficas a sus relaciones con amigos en La estrella fugaz, de El resbaloso y otros cuentos (Universal), que es parte de la antología de Cádiz. Guillermo Rosales, Reinaldo Arenas y Victoria, aparecen respectivamente como William, Ricardo y Marcos, uno de sus códigos onomásticos, en un cuento muy alegre y muy triste, sobre la muerte de sus queridos amigos.
Aunque ha publicado tres novelas, La travesía secreta, La ruta del mago y la ya mencionada Puente en la oscuridad, Victoria es reconocido como un cuentista excepcional, como lo fue Julio Cortázar, uno de sus favoritos, pero él, a diferencia de Cortázar es un autor más reflexivo que fantasioso. "Mi literatura es de reflexión. Pero eso también es un peligro y tengo que vigilarme a mí mismo, para que la reflexión no se vuelva un sermón''.
Victoria se empeña en comunicarse con el lector y serle fiel a la autenticidad, valor esencial que define su creación. No es en la forma novedosa o rebuscada, sino en el contenido donde pone la mira. Lo que escribió ya desde el invierno de 1984 en la revista Mariel podría definir su credo estético. "Uno de los objetivos esenciales de la buena literatura, desde Homero hasta la fecha, es poner al descubierto las complejidades del ser humano y sus variadas relaciones con su circunstancia. Donde sólo hay forma no hay literatura''.
Por eso se nota en él una afinidad con autores existencialistas en una época en que éstas no eran lecturas típicas en Cuba, o cuando fuera de Cuba triunfaba el realismo mágico latinoamericano, en los 70. Es la presencia de personajes con un sentimiento de extranjería en la tierra, de una visión desolada y angustiante ante una realidad incomprensible, y en búsqueda de algo que le dé sentido a la vida del ser humano, características de escritores como Albert Camus, por ejemplo.
''Me atraen la mayoría de sus libros, El extranjero, La peste, La caída. Pero lo más curioso es que nunca he visto a Camus como un modelo'', aclara el escritor. "Sencillamente, disfruto de la lectura de Camus, pero lo mismo te podría decir de otros escritores que me gustan muchísimo, y que son totalmente ajenos a mí. Por ejemplo, me encanta Joyce, que es el polo opuesto de lo que yo trato de hacer... Y Camus, puede ser, ya que me lo mencionaste, una de las personas con las que coincido... Un escritor genuino no anda a la caza de influencias, sino de identificación''.
Esa identificación la encuentra en Cuba con Lino Novás Calvo. ''Escribe sobre él mismo y sobre personajes atrapados en situaciones en las que no hay una salida clara'', explica. Pero como lector tiene muchos autores cubanos favoritos, José Lezama Lima, Virgilio Piñera y Alejo Carpentier entre ellos.
¿Cuando Victoria escribía en los 80 no sentía que hacerlo desde Miami era anatema para la gente que vivía fuera de Miami? ''Todavía lo siento'', responde. "Estuve consciente de esa etiqueta en los años 80 y lo estoy en el 2004. Pero no me importa. Yo vivo en Miami, ésta es la ciudad en la que escribo, es mi ciudad''.

viernes, 12 de octubre de 2007

Aguas Tiñosas / Guillermo Cabrera Infante


En homenaje al fallecido escritor cubano, reproducimos este artículo publicado originalmente en el diario 'El Pais' de Madrid el 29 de febrero de 2004.



Dice Cuba en la mano: "Aura tiñosa (Cathartes Aura, familia Vulturidas): Ave de rapiña, diurna, de aspecto repugnante, plumaje negro, cabeza desprovista de plumas, con arrugas detrás del cuello y sobre el occipucio, pico rosado amarillento en la base, ojos de color carmín con un cerco azul alrededor de las pupilas y pies rosados. Afirma el doctor Gundlach que no ha visto otra ave que vuele de un modo más perfecto. Cuando busca alimento, el Aura vuela en todas direcciones o en línea recta, describiendo grandes círculos, sin dar aletazos. Al distinguir el cadáver de un animal, desciende achicando los círculos cada vez más, y entonces aletea hasta posarse a poca distancia de su inmóvil presa''.
Pero hay tiñosas políticas. Una muestra temprana de aura tiñosa fue Roberto Fernández Retamar (a quien Pablo Neruda en sus memorias llamó ''el sargento Retamar'') entrevistado por la televisión de cable americana. Cuando le preguntaron por mí dijo que yo era un contrarrevolucionario visceral olvidando que el corazón es también una víscera. Preguntado por qué mis libros estaban prohibidos en Cuba respondió con un proyecto de Aura: ''Cuando se muera'', aseguró, ''entonces lo publicaremos''. Las otras auras tiñosas lo imitaron. Después de todo, todos no hacían más que copiar el metodo soviético: allá publicaron a Nabokov y a Stravinsky después de muertos. Antes, mencionarlos siquiera era una actividad condenada por el Estado.
Ernesto Lecuona, el eminente pianista y compositor cubano, murió en el exilio de Islas Canarias, pero pidió que no lo enterraran en Cuba bajo Fidel Castro. Está enterrado en Nueva York. Durante años su música no fue oída en Cuba, hasta que descubrieron que los derechos de autor de Lecuona daban múltiples beneficios para las arcas cubanas. Lecuona está todavía enterrado en Nueva York pero su música se toca y se oye y se silba en Cuba castrista.
El caso de Lydia Cabrera es más singular. Exiliada temprana (ya estaba establecida en el exilio en 1960) Lydia era una contraria formidable. Cuando murió se editó en Cuba su obra maestra El monte, un libro capital de la religión afrocubana y una muestra impecable de antropoesía. El libro fue impreso y sus ejemplares guardados en el almacén de la imprenta --de donde desaparecieron de la noche a la mañana--. Todos. Se supo que los habían robado ladrones ocultos pero se podían comprar ejemplares que se vendían a precio de dólares en los rincones oscuros de La Habana Vieja. El libro era un tesoro que los practicantes de la santería querían tener. No hubo una segunda edición.
Labrador Ruiz tenía una lengua afilada que practicaba como un florete en su esgrima contrarrevolucionaria. Cuando murió en Miami no se publicaron los hechos de su vida, sino que uno de esos miñones del ministerio de Cultura escribió un perfil de Labrador en el exilio que era una obra maestra --de la mendacidad--. Allí se decía que Labrador y su mujer Cheché vivían en la penuria más extrema. Sucede que la verdad es contrarrevolucionaria. Labrador y Cheché vivían en un confortable apartamento pagado por el municipio de Miami y recibía todos los días una cantina con su comida favorita cocinada por un restaurante modelo.
Carroña temprana fue la de Jorge Mañach. Ensayista y un demócrata ejemplar, había llegado en su oposición a Batista a escribirle a Fidel Castro el discurso que ofreció al tribunal, que lo condenó, y al pueblo de Cuba. Esa pieza oratoria tenía como nombre una cita directa de Hitler, tomada del Mein Kampf: ''La historia me absolverá''. La misma historia condenó a Mañach a un exilio temprano. Toda su biblioteca fue confiscada y sus libros hechos picadillo de papel. Al poco tiempo de morir se podía citar a Mañach como un ejemplo de intelectual equivocado pero estimable.
Lino Novás Calvo es, quizás, el más grande cuentista cubano, aunque nacido en Galicia. Durante su juventud desempeñó los más variados oficios (entre ellos chofer de taxi habanero) y se hizo comunista y fue un temprano ejemplo de intelectual comprometido: llegó a ser redactor del diario comunista Hoy. Su exilio fue también temprano y ejerció en Estados Unidos como profesor en una universidad americana. Por un tiempo fue silenciado y ninguneado y hecho desaparecer del panorama literario cubano que una vez prestigió. Cuando murió en Nueva York se hizo una edición cubana de su novela Pedro blanco, el negrero y se publicaron volúmenes con sus cuentos maestros. Hasta se hizo una frase: "Regresa, Lino. Todo está perdonado''.
El caso de Manuel Moreno Fraginals no es sui generis pero sí es ejemplar. Moreno Fraginals estuvo escribiendo por más de diez años una monografía que sería su opus magnum. Titulada El central era un estudio total del azúcar desde la plantación o cañaveral hasta el azúcar blanca. El central tenía una dedicatoria que era un contrasentido: decía ''a... Che Guevara'' Sucede que Guevara fue el enemigo acérrimo del azúcar. Antes había un lema, ''Sin azúcar no hay país'', que declaraba cuánto debía Cuba al azúcar como producto de exportación. Guevara se dio a la tarea de demostrar que sin azúcar sí había país y en su empeño destruyó la industria azucarera. El libro de Moreno Fraginals, publicado en Cuba cuando el autor residía en la isla, casi un coffee table book por sus excelentes ilustraciones, fue recibido con elogios dentro y fuera de Cuba. Pero sucedió que Fraginals decidió exiliarse en Miami y su libro cayó en un olvido voluntario: no aparecía por ningún lado en Cuba --hasta que Fraginals murió y su obra maestra fue rescatada del olvido a que la habían condenado en la isla--. Fue casi un renacer de El central. El autor murió y con su muerte hizo volver a la vida a su libro.
El caso más reciente y más extremo fue el de Reinaldo Arenas. Como saben los que han leído su testamento político o hayan visto su biografía fílmica, Antes que anochezca, Reinaldo fue un exiliado combativo (y combatido desde Cuba con el silencio) y un vocero contrarrevolucionario. Tanto que es su testamento político (que la película omitió) y allí declara culpable de su suicidio no al régimen sino a Fidel Castro directamente. Antes que anochezca tiene como epílogo una visión de PM, el corto metraje que hicieron Sabá Cabrera, mi hermano, y Orlando Jiménez. Allí, después de la fiesta de colores que es la película, era una esquela en blanco y negro, la peliculita siempre una obra maestra. El éxito de Antes que anochezca, la película, se reflejó en las ventas de las memorias de Arenas y ha sido vista en todas partes como su testamento y su memoria póstuma.
Ahora viene la última edición de rescate de Arenas. Hay que recordar que Reinaldo en Cuba sólo mereció el silencio y la calumnia y la cárcel y que era un enemigo acérrimo del régimen de Castro y una víctima histórica y, lo que es más flagrante, literaria también. Pero hay una coda que es un festín para las auras. Acaba de aparecer en Cuba una entrevista ¡con la madre de Arenas! Esta pobre señora fue una madre que Reinaldo veneraba. Ahora es una buena revolucionaria que ha perdido a su hijo que deviene, en sus palabras, un revolucionario equivocado, a punto de regresar a Cuba, después de fugado y calumniado y odiado como ninguno. La madre ejemplar ha recibido un premio y Fidel Castro le ha dado un apartamento en un edificio dedicado a alojar a escritores y artistas del régimen. A cambio sus palabras hieren la memoria de Arenas de una manera abominable. Hay que hacerse, sin embargo una pregunta, ¿quién de los poetas y pintores y escritores desaparecidos en el exilio y ausente de la historia revolucionaria reaparecerá como una carroña digestible? Puedo proponer varios, el eminente historiador Leví Marrero, muerto en Puerto Rico hace dos años, el poeta Eugenio Florit, muerto nonagenario en Miami (noticia de último minuto: ya se prepara en La Habana una antología del poeta que nunca mencionaron en Cuba vivo) y, ¿por qué no decirlo, para volver a la proposición de Retamar, yo mismo? La costumbre me hace poner al pie de página un aviso de copyright, que el régimen comunista no reconoce, y no se salta porque me exalta.

Morirse junto al mar

Reinaldo Arenas. Guillermo Rosales. Carlos Victoria. Los tres mejores narradores que ha tenido Miami. Los tres amigos del cuento "La estrella fugaz". Los tres, suicidas.
Leyendo hace poco en el dossier de Encuentro un adelanto de la novela que ahora queda trunca (Cuando mi nombre era Pablo, le puso) pensé que Victoria había dado con la clave del exilio; sí, sus libros publicados son buenos, pero esto era otra cosa, algo mucho mejor, la posibilidad de hurgar en el meollo literario de nuestro gran tema pospuesto, la posibilidad de igualar las mejores páginas de sus dos amigos.
La historia, tal y como aparece esbozada en esas pocas páginas, es la de un aspirante a escritor devenido lector voraz ("me sumergí en el mundo de los libros, como el que se sumerge en un océano, y al final salí seco") que se va de Cuba, llega a Miami y tiene un accidente que le deforma el rostro. Entonces consigue un abogado y gana mucho dinero como indemnización, una cantidad tal que le permite empezar una nueva vida. A los 41 años recibe el nuevo rostro que le ha regalado un cirujano, tiene una nueva identidad que le regala su segundo nombre y puede verse a sí mismo con una extraña distancia. Es el momento de volver a empezar. Y entonces el personaje decide volver. Regresa a Cuba, visita su infancia, casi vuelve a nacer. Impulsado por el amor y el odio -dice-, "con el fin de atar cabos". Es el umbral novelístico más prometedor que uno pueda imaginar. Es también, ahora lo sabemos, un canto de cisne.
Nunca lo conocí en persona, pero gente que fueron sus amigos dicen que era una buena persona. Para mí su muerte es algo que no sé bien si incluir en el terreno de los sentimientos: la frustración de un lector que se ha quedado esperando, nueva muesca en una lista demasiado larga de buenas novelas pendientes.

Ernesto Hernández Busto
Barcelona

In memorian para Carlos Victoria

In memoriam

Conocí a Carlos Victoria cuando lo del Mariel. Siempre tuvo ese narizón enorme que lo hacía lucir como un cuadro de Archimboldo: sus ojos pequeños eran guisantes, mientras que en el centro del rostro sobresalía un pimiento morrón perpetuamente enrojecido por el alcohol, que, ya en aquel entonces, el escritor ingería en cantidades oceánicas.

Creo que fuimos juntos un par de veces a Trece Botones, una discoteca gay del Miami remoto. Pasábamos la noche con Reinaldo Arenas y otros muchachones que lo acompañaban. Carlitos era tímido, y no frecuentaba los bares, ni los parques, ni el Cuarto Oscuro. Nadie supo nunca a ciencia cierta quién era. Una invariable cerrazón lo mantenía constantemente apartado del mundo. Era como el niño de la burbuja, y según creo, ni siquiera llegó a residir nunca completamente en los Estados Unidos.
Aunque tampoco me lo imaginaba en Cuba. Perteneció a esa generación de artistas que, como gorriones de Mao, la Revolución obligó a volar lejos de su habitat, hasta reventarlos. No tuvieron respiro, ni pudieron llegar. Cuando entraron a la Universidad, los expulsaron. Y cuando salieron a la calle, los encarcelaron. Después los deportaron, y los mandaron a ese campo de concentración que es Miami. El Exilio se presentaba como un inmenso arrozal donde, ya por costumbre o por miedo, evitaron posarse. Muchos artistas desauciados y desconocidos deambulan por las calles de la ciudad: son como muertos vivos, y algo de eso había también en Carlitos Victoria.
Tenía una madre loca que cuidaba en algún punto de la urbe con ejemplar dedicación. Pasó casi todos los años de su vida entre el cajón de concreto que mira a una estúpida bahía y las habitaciones de una enferma, rodeado del inmenso cero que fue Miami para él. Ese vacío se cuela por los intersticios de sus libros, donde siempre falta algo, y donde la escritura misma se nutre de omisiones. Carlito se separó formalmente de su maestro, el desbordante Reinaldo Arenas, y siguió su propio camino de penitencia, amarrado a la máquina de escritura como si fuera un pulmón de hierro que lo mantuvo vivo artificialmente.
Su escritura es la del hombre triste, sin cualidades, para quien la literatura es un páramo. Su único orgullo, la redacción notarial y consuetudinaria de los eventos de una vida miamense truncada por una sola desgracia incalculable. No hubo persona más extraña a las pasiones humanas ni más desengañada del mundo, pero la amistad y la compasión eran sus constantes. Era una sombra mucho antes de abandonarnos, y ahora se ha burlado del cáncer con una sobredosis de Tylenol.

Néstor Díaz de Villegas
Los Angeles

jueves, 11 de octubre de 2007

Cubanas y cubanos: Regino Pedroso / Por Manuel Diaz Martinez

"Las palabras y los muertos" / Amir del Valle


“Las palabras y los muertos”, la más reciente novela del escritor cubano Amir Valle, versa sobre las intimidades del poder desde la perspectiva de un personaje muy cercano a Castro.
Manuel Gayol MecíasLa Opinión4 de octubre de 2007


El cubano Amir Valle vuelve a la palestra. De nuevo otro libro suyo acapara la atención de los lectores y de la crítica. Esta vez no es un texto de preciso carácter documentario, ni de sustanciosos y sorprendentes testimonios o entrevistas, ni descripciones objetivas de hechos y fenómenos sociales en los que se hurga y escarba hasta encontrar las esencias como es el caso de Jineteras. No, esta vez se trata de otra de sus novelas, que cuenta una buena parte de la intimidad del dictador Fidel Castro. Su narración sorprende, en primera instancia, por el recurso en la perspectiva del narrador, puesto que los entresijos interiores que se dan en Castro y a su alrededor se develan mediante las revelaciones que deja entrever Facundo, su escolta principal, el más cercano de todos, quien despliega su fanatismo por el Jefe cuando le comunican que el (aparentemente) inmortal mandatario acaba de morir.La muerte de Castro conmociona a su “sombra”, Facundo, quien de pronto se encuentra sin objetivo en la vida; y sólo le queda el recuento de los hechos, darle rienda suelta a la memoria como una manera de paliar su nueva soledad. Facundo ha cuidado al Presidente desde que tuvo lucidez para hacer algo “útil”, pues desde los 14 años empezó a prepararse para ello. Ahora, la sombra que era no tiene dónde asirse.¿Novela histórica?; ¿novela del dictador?; ¿novela psicológica?; ¿novela de tesis (“sin Fidel Castro la Revolución no tiene manera de continuar”)? De todo un poco; es una novela umbral y de suposición objetiva, real, porque en el discurso narrativo se revela el recurso del murmullo público; novela en la que las coordenadas de género, de tiempo y de espacio se cruzan y se interrelacionan. Una manera cautivante de narrar la intimidad de una figura tan carismática y hermética como lo ha sido un hombre que ha ostentado el poder durante casi 50 años y que aún se resiste a morir, como si él, Fidel Castro, con sus palabras, pudiera echar a un lado su propia muerte y también todas las muertes que ha causado.
Amir Valle, entre tantos libros que ha publicado, con esta novela —Premio Internacional Mario Vargas Llosa, de la Universidad de Murcia, España, y publicada por Seix Barral—, logra un nivel aun más destacado dentro del sitio que ya se había ganado en la literatura cubana y latinoamericana actuales.
Amir, desde Alemania, donde continúa su beca otorgada por el P.E.N Alemán, que le mantiene insertado en el programa Writers in Exile, nos concede esta entrevista, en la que hace sorprendentes revelaciones.
Manuel Gayol: ¿Llegaste a conocer, o supiste, de algún personaje en la vida real, concreta, como Facundo? ¿Para crear este personaje, te apoyaste en un imaginario literario o en experiencias de haber conocido a alguien o a algunos que te dieran la referencia para este escolta?
Amir Valle: Facundo existe, aunque con otro nombre. Es alguien a quien conozco muy de cerca y muchas de las palabras y frases que he puesto en su boca se las escuché decir en nuestros encuentros. Alguna vez le oí decir que Facundo era uno de sus muchos nombres clandestinos. Para un lector ávido de averiguar la verdad será bien fácil encontrar la identidad si lee a fondo la novela y se dedica a mirar a esos seres que rodean a Fidel, como sombras. Él está allí, siempre a su lado, con esos mismos ojillos que le pinto en la novela, con esa misma rabiosa fidelidad, con ese fanatismo de quien mira a un Dios de cerca. Nada tiene que ver con muchos de esos que estuvieron protegiendo a Fidel y ahora cuentan desde el exilio anécdotas muy parecidas a las que pueden leerse en Las palabras y los muertos. Facundo jamás traicionará, bien lo sé, porque ni siquiera tiene la inteligencia de entender que un ser humano puede equivocarse. No pasé ningún trabajo para escribir la vida íntima de Facundo, y a través de él los momentos que desconocemos en la vida de Fidel Castro, porque sencillamente estaba ahí, al alcance de mi mano, desde mucho antes de yo saber que escribiría el primero de mis libros. No me despierta ningún sentimiento, debo confesarlo: si acaso, un profundo desprecio, o quizás un lejanísimo agradecimiento porque al enfrentarme a su vida real, descubrí, hace muchos años, hasta dónde puede llegar un ser humano cuando es obnubilado por una inmensa mentira a la cual se aferra. Desde el punto de vista metafórico, Facundo puede ser, también, la historia de muchos hombres (algunos de ellos de mi propia familia), que han echado sus vidas al peor de los destinos, ciegamente, intentando convencerse de que hacían el bien aún cuando veían alzarse, junto a ellos, las sombras putrefactas y oscuras del mal. Se trata de una generación que no ha tenido ni siquiera la habilidad de concederse a sí mismo el derecho a la duda, a la pregunta incómoda y han sacrificado sus vidas aún cuando algunos reconozcan que lo que defienden se ha teñido de una intolerancia, de unos extremismos y de algunas otras cosas peores de las cuales pensaron que jamás podía acusarse a su proyecto de sociedad.
MG: ¿Tuviste temor en algún momento de estar escribiendo la novela, de que el personaje de Facundo pudiera distorsionar al del Jefe; o por el contrario, que el del Jefe, por su carga de realidad y de Historia, no permitiera el desarrollo de Facundo?
AV: Yo creo que Facundo es la verdadera balanza de ese libro, es el eslabón que impide que el libro se desequilibre y se convierta en una tesis Contra-Castro. Debo hacerte un poco de historia: durante muchos años, sin proponerme escribir nada y por simple vicio periodístico, me dediqué a coleccionar historias. He dicho, y no creo que sea jactancia, que creo tener la mayor colección de cuentos de Pepito sobre Cuba que existe por ahí, unos seiscientos y pico de cuentos. También poseo una muy rica colección de gazapos soltados en sus discursos o entrevistas por grandes personajes de la política del siglo XX, idea que me surge, no puedo negarlo, cuando leo el libro Decadencia y caída de casi todo mundo, de Will Cuppy. Pero con ese mismo afán coleccioné las historias que escuchaba a la gente común sobre la Historia (con inicial mayúscula) de nuestro país. Pero no cualquier historia, sino la historia que escuché a la gente más humilde. Por ejemplo, alguien muy cercano a la familia del general Arnaldo Ochoa me hizo la versión que tienen ellos del ajusticiamiento de su padre. Esa historia no me interesó. ¿Por qué? Por que ellos, de algún modo, por simples razones familiares, fueron testigos cercanos de esos sucesos. La historia sobre el enjuiciamiento de Ochoa que aparece en el libro se la escuché a un viejo guajiro de Manatí, padre de un escritor tunero. Y fue justamente nuestro querido hermano y colega Guillermo Vidal quien un día me dijo que yo tenía en la mano una mina de oro para escribir otra novela sobre dictadores. Recuerdo que armé la estructura de la novela y descubrí algo asombroso: todas las historias recogidas a lo largo de unos once años, tenían que ver con un hombre, Fidel Castro. Caí de golpe en algo que pienso es un fatalismo: las vidas de los cubanos en los últimos sesenta años han estado gravitando en torno a ese hombre, y aunque nos duela confesarlo, no hemos vivido nuestras vidas, hemos estado viviendo el proyecto de vida que para nosotros tenía ese hombre. Incluso los que hemos tenido la suerte (o la desgracia, según se mire) de salir del país y librarnos de algunas ataduras por él creadas, seguimos gravitando en torno a su existencia, porque el destino de nuestra isla sigue marcada por el fantasma de ese hombre. Descubrir esa realidad me llenó de tanta rabia que decidí escribir el libro. Pero el miedo estaba allí. Un miedo real, físico, que podíamos palpar mi familia y yo. Por ese miedo, únicamente Guillermo Vidal y mi amigo, el periodista y escritor, Armando León Viera, leyeron las versiones de la novela. Un día le leí también un capítulo al escritor Nelton Pérez y luego tuve miedo: sentí que lo estaba implicando en un peligro que solamente yo debía correr por mi locura. He dicho también que las coincidencias históricas marcaron esta novela. Fui invitado a la Feria del Libro de Santo Domingo, en República Dominicana, el mismo año en que Vargas Llosa fue allí a presentar La fiesta del Chivo. El escritor dominicano Marino Berigüete, otro gran amigo, me regaló esa novela. La leí de un tirón y esa lectura me hizo perder todos los miedos que me impedían empezar la escritura. Otra coincidencia: la musa me sopló el primer párrafo de la novela en el avión en el cual regresaba a La Habana. No tenía papel a mano, y recuerdo que escribí ese primer párrafo en la primera hoja en blanco de otro regalo que me hizo Marino Berigüete: la novela Los carpinteros, de Joaquín Balaguer, justamente uno de los personajes reales de La fiesta del Chivo. Balaguer y su papel en la historia dominicana me hicieron reflexionar en quién debía contar mi novela. Tenía que ser alguien como él, alguien que hubiera estado a la sombra de un dictador. Busqué y allí estaba ese hombre de carne y hueso a quien decidí poner Facundo, haciendo uso de uno de sus nombres para el trabajo secreto.Y es la balanza, repito, porque su ceguera sirve de contrapeso a la fuerza siniestra de cada historia protagonizada por su Dios, Fidel Castro. Él, en su obnubilación, justifica todo, busca explicaciones donde una mente cuerda no las hallaría, intenta poner un orden justo a lo que por naturaleza ha nacido injusto, irracional. Y ese enfrentamiento entre su “tonta ingenuidad” y la cruda maquinación del caudillo y de su corte para lograr sus objetivos políticos, ofrece a la novela, creo yo, un mayor equilibrio.
MG: ¿Hasta qué medida la Historia; y hasta qué medida la ficción?
AV: Eso nadie lo sabe, como nadie puede saber si la historia que nos han mostrado, si las versiones que nos muestran todavía hoy son las reales. Yo me he quedado frío con las historias que he ido leyendo acá en Alemania sobre la “incorrupta, perfecta y humanísima República Democrática Alemana”. Hay más espanto en muchas de esas historias que en la mayoría de las películas de terror de Hollywood, y son casos reales, cosas que se les ocultaron al mundo. ¿Asistiremos a lo mismo en Cuba cuando se desclasifiquen los archivos de estos años de Revolución? Me temo que sí. En la novela mi única pretensión fue recuperar las historias contadas por el pueblo, por la gente humilde, rescatar la voz de los que no tienen voz en el discurso oficial ni intelectual de nuestra historia. Y fui tan respetuoso que no puse las historias que yo mismo viví, ni forcé historias recogidas para acercarlas a mi punto de vista, aún cuando en algunos casos yo no crea que sea cierta la versión que puse en la novela. Interesante, sin embargo, me ha resultado escuchar las opiniones de muchos lectores que me han manifestado encontrar en la novela una verdad que intuían, o verdades que tienen comprobadas por sus experiencias de vida. Eso ha sido gratificante. Pero, te insisto, la especulación histórica a través de las fuentes populares no es un invento mío, y casi siempre que se ha hecho, el resultado ha estado más cerca de la verdad histórica que la misma historia oficial.
MG: ¿Podría ser —a tu consideración— una novela que, aun cuando cabalgue entre la Historia y la ficción, proyecte su tesis. Y cuando digo tesis, me refiero a eso que se ha hablado bastante de que: “Después de que usted se muera, Jefe, esto se va a la mierda”? ¿Consideras que en la realidad esto es, o puede ser, así?
AV: Si no es totalmente así, puedo asegurar que para la mayoría de los cubanos con la muerte de Fidel Castro se producirá la muerte de su proyecto de Revolución. Y fíjate que hablo de “su proyecto” porque conozco a muchos hombres que estuvieron en los inicios de esa Revolución, que tenía objetivos e ideas bien distintas a las que la locura personalista de Fidel Castro la ha llevado. ¿Sabes cuál es el texto más contrarrevolucionario que existe en Cuba, si entendemos por Revolución eso que Fidel Castro y su gente ha impuesto en nuestro país? Pues nada más y nada menos que la historia me absolverá, que como todos sabemos es el proyecto original de la Revolución cubana. Desde el punto de vista personal, mi tesis es simple: la realidad demuestra que la Revolución, tal cual es hoy, no ha cumplido a cabalidad ninguna de las promesas hechas por Fidel en su alegato de defensa cuando el juicio por el asalto al Moncada. Las ha ido postergando una tras otra, siempre con una justificación distinta, en la cual por cierto, jamás ha reconocido sus errores. Siento una vergüenza inmensa cuando colegas intelectuales de la izquierda, enceguecidos por sus sueños (que muchos son justos y los comparto, y no hablo de los intelectuales oportunistas que se ceban del cadáver del pensamiento de izquierda) le piden al pueblo cubano que sigan resistiendo por un futuro mejor: ¿no se han preguntado cuántas generaciones han pasado ya sacrificándose por ese futuro que, cada vez, es peor para los cubanos?, ¿no han pensado en cuantos millones de cubanos han visto sus familias divididas, sus sueños frustrados y sus vidas destrozadas en lo profesional y lo personal porque un gobierno no ha sabido encontrar el camino a la independencia nacional sin violar la soberanía individual de cada ser humano? Creo, sinceramente, que en Cuba ya no hay que hacer ninguna Revolución: lo primero es salvar lo poco que va quedando de la isla, y para eso cada día que pasa va siendo más claro que habrá que esperar a que Fidel (y toda su influencia en las élites del poder actual) muera.
MG: ¿Crees que esta novela debería tener una continuación, en la que se siga contando esta infinita historia del dictador Fidel Castro, mediante otros personajes, o quizás, un diario… en fin, el mar…?
AV: Puede ser, pero te juro que no me vuelvo a meter en un proyecto tan ambicioso como éste, de modo que esa otra parte se la dejo al que la desee escribir. Además, como dicen por ahí, segundas partes nunca fueron buenas. Pero sí, hay mucho material de donde escoger, y no ya sólo en la historia de nuestro “ilustre” dictador. Hay unos cuantos de esos que se aferran al poder que tienen historias como para escribir una saga al estilo de Galdós o de Balzac.
MG: El final. ¿Surgió por sí mismo? ¿Pensaste variarlo? ¿Es posible que una persona como Facundo termine de esa forma; o que espere que lo vengan a matar para vender cara su vida?AV: Lo único que hay mío en la novela, y me refiero al aspecto anecdótico, es ese final. Es un final deducido de la lógica de vida del personaje Facundo. Pero además, si analizas bien su psicología y su accionar en la novela, no hay otra salida para él que la que tiene en mi obra. Lamentablemente, incluso para el personaje real no existe otra salida: su única cualidad es su fidelidad, jamás traicionaría a Fidel ni siquiera para apoyar a su hermano, suponiendo que Raúl decidiera mantener el proyecto de Revolución de Fidel, cosa que, ya vamos viendo si analizamos lo que está sucediendo en la isla, no está en la cabeza del sucesor. Hace un par de meses tuve noticias del Facundo real y te puedo asegurar que está viviendo como mi personaje, como si estuviera todavía encerrado en su oficina en el Palacio de la Revolución, a la espera de algo que no sabe.
MG: ¿Estimas que un dictador como Fidel Castro realmente se creía (o se cree si aún esta vivo) ese cuento de que era el Mesías esperado, el predestinado o destinado a liberar a su pueblo, y hasta a la humanidad misma, y nunca haya tenido ojos para ver todo el dolor, las muertes y el desastre que le ha traído a su pueblo y a otros lugares del mundo?
AV: Hay un programa humorístico en Miami, hecho por autores cubanos, que satiriza las mesas redondas que se hacen en Cuba. Seguro lo has visto. Se llama La Mesa Retonta. Allí, el personaje que hace de Fidel dice mucho una frase que a los cubanos nos resulta muy familiar: “voy a hablar porque el pueblo lo pide”. Eso es simple y puro mesianismo. Y que conste que nosotros, los que creemos en Jesucristo sabemos bien qué cosa es el Mesías. Lo de Fidel Castro es pura enfermedad. El mesianismo te hace creer que eres Dios. Fidel ha tenido el poder de Dios, aunque a muchos les cueste reconocerlo: manejó hasta los hilos más invisibles de nuestra isla; ha movido como marionetas, a su antojo, a cientos de presidentes latinoamericanos, norteamericanos y de otras latitudes, llegando a estar a la cabeza de eso que llaman Tercer Mundo; ha hecho cambiar, incluso, las políticas hacia América, África y los Estados Unidos por parte de los gobiernos de Europa y buena parte del primer mundo. No es poco lo que ha logrado en materia de influencias, aunque nada de eso haya devenido en bienestar y libertad para los cubanos. Cuando un gobernante, tenga la ideología que tenga, cree que lo que hace es lo mejor para el pueblo, y no le da a ese pueblo la posibilidad de comunicarle lo que realmente piensa, está jugando a ser Dios. Basta leer los discursos de Fidel, o muchas de sus entrevistas, para notar que él nunca habla en primera persona cuando se refiere a su proyecto de Revolución para Cuba y el Mundo: habla en primera persona del plural, y ese “nosotros”, en su credo, es el pueblo. A eso debes sumarle que, desde muy joven, se creyó destinado para ser un Mesías, un hombre especial, un ser superior, y todo lo que hizo en su vida fue para lograr eso. Pero lo más grave de todo es que, como le está sucediendo hoy a la izquierda internacional, Fidel cree firmemente (y ahí están sus entrevistas) en que cualquier sacrificio es necesario cuando se quiere lograr un fin. Él, como buena parte de la fanática y falsa izquierda internacional, es capaz de justificar todo con el pretexto de que se hace por un mundo mejor. Hace unos días, en una noticia de un periódico de izquierda que no merece ni que lo mencione, leí un trabajo de uno de esos teóricos de la nueva izquierda latinoamericana donde aseguraba que los crímenes que se le achacaban a Stalin eran una exageración de los enemigos del socialismo. Es enfermizo, ¿no crees? Hay verdades que no pueden ocultarse. Y la vida misma de Fidel Castro, sus palabras, e incluso sus escritos más recientes donde se erige como el salvador del universo, demuestran que se cree que es un verdadero Mesías.Gracias por tus palabras, Amir, que son las del amigo y la del escritor de buena literatura. Éstas redimen el espíritu del lector de cualquier tipo de opresión, incluso la del tedio y la de la enajenación cotidiana, y le otorgan el verdadero conocimiento de una realidad muchas veces tergiversada.

Nobel de Literatura 2007


La escritora británica Doris Lessing ganó el Premio Nobel de Literatura 2007, el máximo galardón literario del mundo otorgado por la Academia Sueca.
Doris Lessing nació en 1919 Persia, actual Irán, de padres británicos, y se crió en Rhodesia, actual Zimbabwe. Desde 1937 vive en Inglaterra.
Lessing es autora de obras como "Canta la hierba", "El cuaderno dorado", "Hijos de la violencia" y muchos otros libros que le han merecido un gran número de premios, incluidos el Médicis y el Príncipe de Asturias de las Letras.
Lessing, de 87 años, no figuraba en la lista de favoritos para ganar el galardón, que estaba encabezada por el estadounidense Philip Roth, y en la que también estaban el escritor japonés Haruki Murakami y el israelí Amos Oz.
El pasado año, el premio recayó en el escritor turco Orhan Pamuk, uno de los más destacados escritores de la literatura en lengua turca.

Vea la lista completa
El Nobel de Literatura es uno de los cinco premios específicamente señalados en 1895 en su testamento por el millonario escandinavo, Alfred Nobel.
Al igual que los otros premios Nobel, el de literatura viene acompañado de un cheque de 10 millones de coronas suecas (US$1,35 millones).
Según la Academia Sueca, el premio recae en quien haya producido "la obra más destacada en el campo de la literatura, en la dirección ideal".
Con este galardón se reconoce la obra de toda una vida, más que un libro en concreto.
Además de el premio en metálico, el ganador recibe una medalla de oro y es invitado a dar una conferencia en la sede de la Academia Sueca en Estocolmo.

miércoles, 3 de octubre de 2007

"La cazadora de astros"


"La cazadora de astros", la nueva novela de la Zoe Valdes, acaba de ser publicada por la editora Plaza & Janés segun informa la misma.
En esta nueva entrega de Zoe, explora la vida y obra de la pintora surrealista española Remedios Varo, gran olvidada de la historia del arte del siglo XX.